
Hola Mundo!!!
Yo creo que la parte mas dolorosa de estos últimos meses ha sido el haber perdido a J, y es que, aunque teníamos poco tiempo juntos llevabamos una relación cojonuda.
Podiamos platicar durante horas, de cualquier cosa, no había silencios incómodos. Incluso, cuando estabamos en silencio podíamos sentirnos el uno al otro y con una simple mirada nos deciamos mil cosas.
Podía confiar en él, podía ser yo mismo y hablar de mi trabajo, mi familia, lo que fuera.
Claro, el sexo con J también era increíble. Apasionado y fogoso en ciertos momentos, tierno y cariñoso en otros.
Después de encontrarme con él unas cuantas horas me sentía revitalizado, lleno de energía y por supuesto, ansioso de nuestro siguiente encuentro.
Nuestro parque, como hecho de menos esa caminata a su lado, mientras paso a paso nuestras manos se rozaban como por accidente, un leve roce que no pasa desapercibido al que es buen observador pero que para cualquier otro ni se nota; recuerdo el olor del césped y las hojas de los árboles.
Extraño nuestras charlas en esa banca justo en la curva del andador, protegidos por la sombra de los árboles como si ellos fueran complices en nuestra intimidad.
Sus ojos, esos ojos negros en los que me podía perder por horas; y esa sonrisa pícara suya que me derretía el corazón y me hacía querer comérmelo a besos.
Sus besos, como una caricia apenas perceptible que recorría todo mi rostro hasta que por fin encontraba mis labios y me hacía temblar las piernas, no entiendo como lo hacía pero cada vez que me besaba en la boca, una corriente eléctrica recorría mi cuerpo y me hacía estremecerme para finalmente aflojar mis rodillas.
Todo él era perfecto, al menos perfecto para mi, para hacerme la persona mas dichosa sobre la tierra cuando lo tenía entre mis brazos.
Ya no recuerdo si lo escribí en mi blog o no, pero estaba total, perdida y absolutamente enamorado de J. Y estoy casi seguro que él de mi también. Desgraciadamente no hubo tiempo suficiente para decirnoslo mutuamente.
Después del incidente en el piso de Paco le busqué desesperadamente durante días, le mandé correos y le llame a su móvil sin suerte alguna. Al cabo de un par de semanas por fin me tomó la llamada y aunque me costo mucho tiempo y súplicas logre hacer que nos encontraramos en el parque, tenía yo la esperanza de que con un poco de paciencia todo volvería a la normalidad.
Oh iluso de mí.
Esa charla no duró mas de 10 minutos, lo único que recuerdo eran sus reproches. Cada frase era mas hiriente que la anterior y cada palabra iba marcada de resentimiento, culpabilidad y odio, un odio que nunca imaginé pudiera despertas en alguien.
“He sido un estúpido al dejarme enredar en tu juego de maricas!!!”
“Me haz destrozado la vida cabrón miserable!!!”
“Olvídate de mí que yo haré como si no hubieras existido nunca!!!”
“No me busques nunca más si no quieres que te rompa la cara!!!”
Desde el momento mismo en que se acercó a mi en la banca, ni siquiera se sentó, se mantuvo de pie y no paró de hablar hasta que se dio la media vuelta con un
“Púdrete y vete al infierno desgraciado!!!”
Yo no podía creer lo que mis oídos habían escuchado, el odio en su mirada. Yo esperaba que en cualquier momento me diera una hostia el tío, pero al parecer se contuvo.
Ahí me quedé yo, sentado en nuestra banca, sólo mas sólo que nunca y tratando de procesar todo lo que había escuchado. No había mucho que procesar, era odio puro el que salía de su boca.
No fue sino hasta hace unos días, poco antes de reiniciar este blog que visité de nuevo el parque. No pude evitar que las lagrimas corrieran por mi rostro cuando pasé caminando junto a nuestra mi banca.
Un abrazo,
David.

¡Qué duro! ¿Ese hombre no tenía claro que la culpa no era tuya, o al menos, no solo tuya, que el tenía su 50%?
ResponderEliminarTodo eso me parece muy lamentable.
Un abrazo,
Josep